Joyce escribió las cartas durante muchos años a partir de aquel momento en que se conocieron a Norah Barnacle, y trasladó en ellas su pesimismo en cuanto al futuro, su decepción de su entorno irlandés que le parecía cualquier cosa menos prometedor para la carrera que añoraba labrarse en la literatura y el amor ya a veces tierno pero las más de veces sensual que Joyce le sugiere en sus cartas a su amante y luego madre de sus hijos, convertida décadas después en esposa.