La casa inundada, relato escrito en la década de los años 50 del pasado siglo, se publica en Montevideo en 1960. Parece ser que durante años trató de reescribirlo, y, según las investigaciones de Norah Giraldi, lo finalizó poco antes de morir, en 1963. Esta versión última fue hallada en el archivo de su amigo Alcides Giraldi. Obra madura y atiborrada de imágenes arquetípicas, consigue introducir al lector en un subrepticio universo acuático donde el rastro enriquecedor y destructivo del agua se simultanean con pericia creativa e inquietante. El relato se construye a partir de la excentricidad de Margarita, una extraña mujer que se hace edificar una casa para inundarla y para habitarla junto con sus sirvientes, y que contrata los servicios de un escritor (un «sonámbulo de confianza») para que sea su remero y escuche sus confidencias. Margarita, sólida, consistente, carnosa, ocupa todo un espacio aleatorio que origina la fluidez de su propio devenir. Nos estremece a todos y trastorna al tímido narrador-autor con su rareza y con una vida-bisagra que no acabamos nunca de conocer. Pero el protagonismo de Margarita se entrelaza directamente con el del narrador (del que apenas conocemos nada) cuando éste comienza a acomodar la voz a la imagen ostentosa de la mujer.
