Leon Bloy, coleccionista de odios, no excluyó de su amplio museo a la burquesía francesa. La ennegreció con lóbregas tintas que justifican el recuerdo de los sueños de Quevedo y de Goya. No siempre se limitó a ser un terrorista; uno de sus más curiosos relatos, Les Captivs de Longjumeau prefigura asimismo a Kafka. El argumento puede ser de este último; el modo feroz de tratarlo es privativo de Bloy. (...) Nuestro tiempo ha inventado la locución "humor negro"; nadie no ha logrado hasta ahora com la eficacia y la riqueza verbal de León Bloy. -- Jorge Luis Borges



