“[...] morirse de hambre o hacerse ladrón”
Akutagawa Ryūnosuke fue ese tipo de autor que se inclinó con lucidez hacia los pliegues más turbios de la condición humana. En sus relatos, la corrupción moral no es solo un tema, sino un espejo donde el alma se descompone. Este libro fue un verdadero hallazgo. Una edición bilingüe primorosa de la “Casa de España”, y con ilustraciones bellísimas. Acá se encuentran los cuentos: “Hilo de araña”, una turbia historia infantil sobre egoísmo; el inevitable “Rashomon”, quizás lo más hipnótico de los cuentos, donde se reflexiona sobre la ambigüedad y la frágil moralidad humana frente a las calamidades; “En un matorral”, relato muy conocido por su investigación maestral de las distintas perspectivas; y, por fin, “Kesa y Morito”, donde Akutagawa capta la discordia amorosa y las percepciones de cada amante. La prosa del autor combina la precisión del analista con la sensibilidad del poeta. Cada palabra cumple una función exacta. Su búsqueda formal recuerda a Poe en la rigurosa “unidad de efecto” y a Flaubert en el afán por el mot juste, esa palabra justa que sostiene el equilibrio del texto. Por eso su estilo, aunque sobrio y medido, nunca resulta seco. En él vibra una tensión constante entre la belleza y la podredumbre, entre la observación fría y la inquietud espiritual. Incluso en sus momentos más severos, Akutagawa no renuncia a una ironía sutil. El autor frecuentemente subvierte los típicos relatos morales, comunes en tradiciones milenarias como la japonesa. En lugar de un final claro, en términos morales, Akutagawa suele elegir conclusiones que, además de sorprendentes, nos dejan con ese sabor amargo en la boca. Su narrativa no moraliza: expone, con una claridad casi dolorosa, nuestras fragilidades y contradicciones. “Desde hace tiempo yo no he podido amar sino un solo hombre. Y ese hombre viene esta noche a matarme.”

