A cuerpo de gato

    Hiro Arikawa

    LUMEN
    2017
    272 páginas
    9h 4m
    ISBN-13: 9788426404282
    Espanhol

    Una novela irónica y conmovedora que gracias a la ocurrente mirada de su narrador, un gato, nos reconcilia con la vida. Un gato, es un gato, es un gato... diría una sabia mujer, pero Nana no es un gato cualquiera. Tiene el pelo blanco y la cola en forma de siete, le gustan los filetes de cerdo empanados y los platos a base de pollo y salmón, tiene las uñas afiladas, la mirada atenta... pero hay más: Nana entiende el lenguaje de los humanos y tiene opiniones muy suyas a propósito de la vida. Nació en la calle y estaba acostumbrado a dormir encima del capó de una furgoneta plateada, hasta que un buen día un hombre delgado y alto se le acercó sonriendo, y desde entonces fueron inseparables. Satoru y Nana vivieron juntos durante cinco años, pero ahora ha llegado el momento de separarse y de buscar un nuevo dueño para él. Empieza el viaje, y Nana verá por primera vez el mar y los campos sembrados de hierba alta, vivirá en primera persona las emociones más hondas de los humanos, el dolor de la pérdida, y al final este gato callejero será también un gato muy nuestro gracias a la ternura y al sentido del humor de Hiro Arikawa. «Un gato es un auténtico lujo... La chispa de sus ojos te recuerda todo lo que esconde el amigo que tienes al lado, ese animalito que maúlla de placer cuando lo acaricias.» Doris Lessing

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    Aquiles 🦋 picture
    Aquiles 🦋25/07/2023Resenhou um livro
    4 (Muito bom)

    Los barrios donde creció Satoru. Los campos de verdes arrozales susurrando al viento. El mar que alzaba un rugido pavoroso. El monte Fuji que se te venía encima. El cómodo televisor en forma de caja. Momo, la preciosa gata de mediana edad. El chulo e ingenuo Toramaru, de pelo atigrado. El blanco y gigantesco ferry cargando coches en la barriga. Los perros que le agitaron la cola a Satoru en el cuarto de las mascotas. El lenguaraz gato chinchilla que me dijo good luck. La inmensa tierra de Hokkaido extendiéndose hasta el infinito. Las vigorosas flores de color violeta y amarillo que florecían junto al camino. Los campos de Susuki tan parecidos al mar. Los caballos que pacían en la hierba. Los frutos bermellón de la acafresna. Todos los matices del rojo de la acafresna que Satoru me enseñó. Los bosques de delicados abedules plateados. El cementerio claro y alegre. Los ramos de flores con los colores del arco iris que dejamos en ofrenda. El trasero del ciervo con forma de blanco corazón. Y el gran, gran, grandísimo arco iris que brotó del suelo trazando un doble arco. Y, sobre todo, la sonrisa de quienes amamos. *** Mi crónica está a punto de acabar. Y eso no es triste, en absoluto. A mí también me espera otro viaje, el último, y finalmente yo también he aprendido a decir gracias

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