Nos da un poco de vértigo cuando nos damos cuenta de lo inconscientes que somos de adolescentes. Más miedo nos da aún cuando esas adolescentes son ingenuas, pura bondad; que creen que son rebeldes y malas, a pesar de no ser más que ángeles con corazón de diablillas. A veces, por desgracia, esos ángeles deben toparse cara a cara con el mal de aquellos que no tienen escrúpulos, que no han conocido lo que es un hogar, una familia, o tan siquiera, casi con total seguridad, puede que no hayan ni conocido a alguien a quien proteger o querer. A veces esas historias acaban bien, pero, a pesar de eso, la lección que enseñan, la mayoría de las veces, es demasiado dura como para desear poder transmitirla a otros como filosofía de la vida.Esta historia no está basada en la realidad, pero podría haber sido cierta.
