Un comandante de nave espacial, Horacio Dos, a punto de jubilarse (y encantado con ello), recibe una extravagante misión: transportar un grupo de delincuentes, mujeres de mala vida y ancianos improvidentes (sic) a través del espacio, sin que sepa cuánto tiempo va a invertir en el viaje ni adónde se tiene que dirigir en concreto: un viaje, pues, de pitorreo, con la única intención por parte de los que lo ordenan de quitarse de encima a aquellos desgraciados (Horacio Dos incluido), por inanición, falta de agua, o un golpe del destino que les lleve a perderse en el espacio o a caer en algún benefactor agujero negro. Si a esto unimos que, tanto el propio comandante Horacio Dos, como el resto de la tripulación de la nave son unos auténticos incompetentes (ineptos y tendentes al vicio, además de estúpidos), nos encontramos con una situación grotesca, que aventuramos va a desarrollarse divertida y un tanto surrealista, como acostumbran a ser este tipo de obras de Mendoza (SIN NOTICIAS DE GURB)
