Luke Devinish no era la clase de hombre que uno esperaría encontrar viviendo en una tranquila playa del Caribe, justo en el centro de la propiedad que Catherine quería vender. El no tenía intenciones de irse y los posibles compradores no estaban dispuestos a adquirir la tierra con un ocupante. Una vaga ley decía que Catherine no podía desalojar a Luke. Finalmente, ella tuvo que admitir que Luke y la sensual atmósfera del Caribe eran una combinación irresistible...