El sueño del joven Adolf Hitler era de ser artista. Sin embargo, después de ser rechazado por las academias de bellas artes de Viena, Hitler, un muchacho hosco y desafiante, se negó a aceptar un trabajo vulgar y se convirtió en un indigente. Durmió al raso, estuvo a punto de morrir de hambre y acabó por convencerse de que cuantos lo rodeaban, en especial los ricos, los judíos y los burócratas, lo perseguían escanizadamente. Así era el hombre que, gracias a sus dotes innatas de orador y a su voluntad férrea para sobrevivir, se convirtió en el Führer.