Cuando Pablo Escobar fue dado de baja el 2 de diciembre de 1993, el país entero celebró su muerte. En algún lugar de Medellín, un grupo de hombres sin insignias ni uniformes también brindó por el objetivo que había ayudado a conseguir. Eran Los Pepes: Perseguidos por Pablo Escobar, el temido ejército que dinamitaba todo lo que oliera al capo y regaba las calles con los cuerpos de los integrantes del cartel de Medellín. Sus cabezas más visibles eran los hermanos Castaño Gil y Diego Fernando Murillo, alias Don Berna. Sin embargo, la teoría de que Los Pepes contaron con la anuencia de la Policía, la cia, la dea y todas las demás agencias nacionales y extranjeras que se involucraron en la cacería de Escobar, se fue erigiendo como un secreto a voces. Con el pasar de los años, los Pepes se reencaucharon: quienes un día fueron los cazadores de Escobar, se reinventaron como narcotraficantes y paramilitares, y así una guerra engendró la otra. Detrás de todo estaba el blanco fulgor de la cocaína. Este libro sigue paso a paso la historia de ese reencauche y devela cómo su alianza le dio vuelo al proyecto paramilitar en todo el país. Contrario al imaginario popular, Los Pepes no son un evento pasado, una referencia histórica de una época: siempre han estado presentes y activos, y sus siniestras acciones se sienten aún hoy.
