Venecia es la ciudad ideal para los niños: sin peligros, ruidos ni tráfico éstos pueden explorar y conocer el espacio en libertad. Por desgracia, los pequeños turistas que vienen con sus familias a visitar la ciudad no perciben, evidentemente, estas características. La ciudad resulta difícil, cansada y sobre todo incomprensible: una Disneyland menos divertida que la original. Tras un primer momento de maravillosa admiración, llegan una serie de sorpresas y preguntas: ¿Cómo se sostienen las casas y edificios en el agua? ¿Por qué el tejido urbano, tan denso, está interrumpido por tantas plazas y patios? ¿Y por qué en todas las plazas y patios hay un pozo? ¿Por qué las chimeneas tienen formas tan extravagantes? Y muchas otras más. Entender cómo está hecha, cómo funciona y cómo ha funcionado es el primer paso para vivir la ciudad y gozar de ella.