El Burlador es esencialmente una obra religiosa cuyo "mensaje" es una llamada de arrepentimiento inmediato (en razón de la incertidumbre del momento final e irremediable). Don Juan no es únicamente un pecador insensato que no quiere arrepentirse, sino también un destructor diabólico; Tirso de Molina lo compara en numerosas ocasiones con el mismo Diablo. Además, Don Juan no deshonra a las mujeres movido por un simple deseo carnal, sino por el placer de deshonrar; siendo el honor, en la época en la que ha sido escrita la obra, una de las grandes fuerzas cohesivas de la sociedad.

